Hay una pregunta que le hacen a E. Tolle sobre las enseñanzas perdidas:
"¿Es posible recuperar las enseñanzas perdidas a partir de los fragmentos existentes?
Eso no es necesario. Todas las enseñanzas espirituales tienen su
origen en la misma Fuente. En ese sentido, hay y siempre, ha habido un único maestro que se manifiesta de distintas formas. Yo soy ese maestro, y tú también lo serás en el momento en que puedas acceder a la Fuente interna. Y el medio para acceder a ella es el cuerpo interno. Aunque todas las enseñanzas espirituales tienen su origen en la misma Fuente, en cuanto quedan escritas y verbalizadas ya no son más que colecciones de palabras, y las palabras sólo son indicadores, como dijimos antes. Todas estas enseñanzas son postes indicadores que señalan el camino de vuelta a la Fuente."
Es decir que al principio hay que usar indicadores. Ya fuera de bromas. No hay que preocuparse por que se vayan a perder o no las enseñanzas. La verdadera enseñanza esta dentro de cada uno de nosotros. Ahí está el maestro.
¡Ojo! con querer cambiar el mundo. La historia está llena de "idealistas" que han querido transformar el mundo a la fuerza teniendo en su ideariario que "El fin justifica los medios". Nada ha infligido mas dolor a este mundo que este idearios de que el fin justifica los medios:
"Según las enseñanzas cristianas, el estado colectivo normal de la humanidad es el del "pecado original". La palabra "pecado" ha sido mal comprendida y mal interpretada. Traducida literalmente del griego antiguo, idioma en el cual se escribió el Nuevo Testamento, pecar significa errar el blanco, como el arquero que no clava la flecha en la diana. Por consiguiente, significa no dar en el blanco de la existencia humana. Significa vivir torpe y ciegamente, sufriendo y causando sufrimiento. Así, una vez despojado de su bagaje cultural y de las interpretaciones erróneas, el térmirno apunta a una disfunción inherente a la condición humana.
Los logros de la humanidad son impresionantes e innegables. Hemos creado obras sublimes en la música, la literatura, la pintura, la arquitectura y la escultura. En épocas recientes, la ciencia y la tecnología han provocado cambios radicales para nuestra forma de vida y nos han permitido hacer y crear cosas que habrían parecido prodigiosas apenas hace 200 años. No hay duda de que la mente humana es enorme. Sin embargo, esa misma inteligencia está tocada de locura. La ciencia y la tecnología han amplificado el impacto destructivo ejercido por la disfunción de la mente humana sobre el planeta, sobre otras formas de vida y sobre los mismos seres humanos. Es por eso que la historia del siglo veinte es la que permite reconocer más claramente esa locura colectiva. Otro de los factores es que esta disfunción se está acelerando e intensificando.
La Primera Guerra Mundial estalló en 1914. Toda la historia de la humanidad había estado preñada de guerras crueles y destructivas, motivadas por el miedo, la codicia y las ansias de poder, además de los episodios ignominiosos como la esclavitud, la tortura y la violencia generalizada motivada por razones religiosas e ideológicas. Los seres humanos habían sufrido más a manos de otros seres humanos que a causa de los desastres naturales. Sin embargo, en 1914, la inteligencia de la mente humana había inventado no solamente el motor de combustión interna sino los tanques, las bombas, las ametralladoras, los submarinos, los lanzallamas y los gases tóxicos. ¡La inteligencia al servicio de la locura! En una guerra estática de trincheras perecieron en Francia y en Bélgica millones de hombres tratando de conquistar unas cuantas millas de marismas. Al terminar la guerra en 1918, los sobrevivientes observaron horrorizados e incrédulos la devastación provocada: 10 millones de seres humanos muertos y muchos más mutilados o desfigurados. Nunca antes habían sido tan destructivos, tan dolorosamente palpables, los efectos de la locura humana. Estaban lejos de saber que eso era apenas el comienzo.
Para finales del siglo, el número de personas muertas violentamente a manos de sus congéneres aumentaría a más de cien millones. Serían muertes provocadas no solamente por las guerras entre las naciones, sino por los exterminios masivos y el genocidio, como el asesinato de 20 millones de "enemigos de clase, espías y traidores" en la Unión Soviética de Stalin, o los horrores innombrables del holocausto en la Alemania nazi. También hubo muertes acaecidas durante un sinnúmero de conflictos internos como la Guerra Civil Española o durante el régimen de los Khmer Rojos en Camboya cuando fue asesinada una cuarta parte de la población de ese país.
Basta con ver las noticias de todos los días en la televisión para reconocer que la locura no solamente no ha menguado sino que todavía continúa en el siglo veintiuno. Otro aspecto de la disfunción colectiva de la mente humana es la violencia sin precedentes desatada contra otras formas de vida y contra el planeta mismo: la destrucción de los bosques productores de oxígeno y de otras formas de vida vegetal y animal, el tratamiento cruel de los animales en las granjas mecanizadas y la contaminación de los ríos, los océanos y el aire. Empujados por la codicia e ignorantes de su conexión con el todo, los seres humanos insisten en un comportamiento que, de continuar desbocado, provocará nuestra propia destrucción.
Las manifestaciones colectivas de la locura asentada en el corazón de la condición humana constituyen la mayor parte de la historia de la humanidad. Es, en gran medida, una historia de demencia. Si la historia de la humanidad fuera la historia clínica de un solo ser humano, el diagnóstico sería el siguiente: desórdenes crónicos de tipo paranoide, propensión patológica a cometer asesinato y actos de violencia y crueldad extremas contra sus supuestos "enemigos", su propia inconciencia proyectada hacia el exterior; demencia criminal, con unos pocos intervalos de lucidez.
El miedo, la codicia y el deseo de poder son las fuerzas psicológicas que no solamente inducen a la guerra y la violencia entre las naciones, las tribus, las religiones y las ideologías, sino que también son la causa del conflicto incesante en las relaciones personales. Hacen que tengamos una percepción distorsionada de nosotros mismos y de los demás. A través de ellas interpretamos equivocadamente todas las situaciones, llegando a actuaciones descarriadas encaminadas a eliminar el miedo y satisfacer la necesidad de tener más: ese abismo sin fondo que no se llena nunca.
Sin embargo, es importante reconocer que el miedo, la codicia y el deseo de poder no son la disfunción de la que venimos hablando sino que son productos de ella. La disfunción realmente es un delirio colectivo profundamente arraigado dentro de la mente de cada ser humano. Son varias las enseñanzas espirituales que nos aconsejan deshacernos del miedo y del deseo, pero esas prácticas espirituales por lo general no surten efecto porque no atacan la raíz de la disfunción. El miedo, la codicia y el deseo de poder no son los factores causales últimos. Si bien el anhelo de mejorar y de ser buenos es un propósito elevado y encomiable, es un empeño condenado al fracaso a menos de que haya un cambio de conciencia. Esto se debe a que sigue siendo parte de la misma disfunción, una forma más sutil y enrarecida de superación, un deseo de alcanzar algo más y de fortalecer nuestra identidad conceptual, nuestra propia imagen. No podemos llegar a ser buenos esforzándonos por serlo sino encontrando la bondad que mora en nosotros para dejarla salir. Pero ella podrá aflorar únicamente si se produce un cambio fundamental en el estado de conciencia.
La historia del comunismo, inspirado originalmente en ideales nobles, ilustra claramente lo que sucede cuando las personas tratan de cambiar la realidad externa, de crear una nueva tierra, sin un cambio previo de su realidad interior, de su estado de conciencia. Hacen planes sin tomar en cuenta la impronta de disfunción que todos los seres humanos llevamos dentro: el ego."
E. Tolle. "Una nueva Tierra"
Foro de Forex Trading United




. Ya fuera de bromas. No hay que preocuparse por que se vayan a perder o no las enseñanzas. La verdadera enseñanza esta dentro de cada uno de nosotros. Ahí está el maestro.
Citar




monísima
Veremos...., por que también he visto pasar ruedas de molino por encima de budistas y movidas por budistas.
